Consecuencias ambientales y costos económicos
del agotamiento de los océanos del mundo.
Por Ángela Somma, Oficina de Pesquerías Sostenibles, Servicio Nacional de Pesquerías Marinas.

La pesca excesiva no sólo reduce las existencias de especies, sean o no objeto de pesca, sino que también es devastadora para el ecosistema marino, dice Angela Somma, del Servicio Nacional de Pesquerías Marinas del Departamento de Comercio de Estados Unidos. Más aún, agrega, la pesca excesiva y la mala administración de las pesquerías le cuesta a la industria miles de millones de dólares al año en ingresos potenciales, mientras que los subsidios gubernamentales a las grandes e insostenibles flotas pesqueras cuestan miles de millones más.
Durante las décadas de los años 60 y 70, la producción de las pesquerías marinas y de aguas interiores aumentó de modo sostenido, tanto como 6 por ciento anual en promedio. En la década de los 80 la tasa de crecimiento disminuyó considerablemente, y en la de los 90 la cosecha se niveló. Alrededor de 1990 la curva de la producción mundial de pescado se volvió horizontal al llegar a alrededor de 100 millones de toneladas anuales, y no ha cambiado mucho en los años siguientes. Mientras el producto de la acuacultura sigue creciendo, los rendimientos de las pesquerías que capturan especies no cultivadas en los océanos y aguas interiores fueron disparejos y empezaron a quedar paralizados. Surgió un consenso en cuanto a que esa parálisis era resultado de una pesca excesiva generalizada. Este documento examina los costos ambientales y económicos de esa pesca excesiva.
En la última década se hizo cada vez más evidente que los recursos de las pesquerías, que en una época se creían casi inagotables, habían sido objeto de una severa pesca excesiva a medida que una pesquería tras otra experimentaba declinaciones graves. Las en un tiempo abundantes pesquerías de especies de mares profundos, como el bacalao de Nueva Inglaterra y el Canadá oriental quedaron diezmadas, las especies del atún gigante del Atlántico se redujeron a niveles que ponían en peligro su reproducción, y varias especies de salmón del Atlántico y el Pacífico fueron colocadas en la lista estadounidense de especies en peligro. Y el problema persiste. En octubre de 2002, una comisión asesora científica recomendó cerrar todas las pesquerías que persiguen el bacalao en el Mar del Norte, el Mar de Irlanda y las aguas al oeste de Escocia. La pesca excesiva tiene efectos perjudiciales obvios en las especies que son objeto de capturas excesivas, pero puede también afectar el ecosistema en el cual viven esas especies, y causa perjuicios a los pescadores y sus comunidades.
El problema de la pesca excesiva se ha extendido tanto en el mundo desarrollado como en el mundo en desarrollo. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que de las principales especies o grupos de especies marinas de las que hay información disponible, del 47 al 50 por ciento están explotadas a plenitud, del 15 al 18 por ciento se explotan excesivamente y del 9 al 10 por ciento se han agotado o se recuperan del agotamiento. Por lo tanto, cerca del 75 por ciento de las principales pesquerías del mundo están explotadas a plenitud o en condiciones aún peores.
Consecuencias ambientales de la pesca excesiva.
Las consecuencias ambientales de la pesca excesiva son muchas, e incluyen las cosechas reducidas de los peces objeto de pesca; cosecha no intencional excesiva de especies que no son objeto de pesca, de tamaño inferior o protegidas, y cambios en los ecosistemas.
La pesca excesiva persistente puede llevar a la eliminación de los individuos más grandes y viejos de una población o especie. Las poblaciones que sufren pesca excesiva se caracterizan por individuos menos productivos, lo que finalmente lleva a una declinación de las existencias. En Estados Unidos, el rendimiento promedio reciente de todos los recursos de las pesquerías llega aproximadamente al 60 por ciento del mejor estimado de rendimiento potencial a largo plazo de estos recursos.
En cambio, si la pesca excesiva se contiene y los recursos de las pesquerías se administran de un modo sostenible, las pesquerías se vuelven más productivas, el costo por pescado capturado declina y las cosechas aumentan substancialmente. Por ejemplo, en 1999 la Comisión Internacional para la Conservación del Atún del Atlántico (CICAA) estableció un programa de reconstrucción de 10 años para el pez espada del Atlántico Norte, que había sufrido pesca excesiva. Las reducciones de capturas fueron parte integral de la recuperación de la especie. Transcurridos cuatro años del programa de reconstrucción, el tamaño de las existencias se estima en el 94 por ciento de su nivel saludable. En su reunión de 2002 la CICAA, gracias a su programa bien encarrilado, pudo aumentar los niveles de captura.
La cosecha de peces que no se pretende pescar, o pesca colateral, se estima que representa alrededor de una cuarta parte del total de la pesca mundial. La pesca colateral comprende todos los peces que se capturan pero no se quiere retener o usar, o que hay que descartar debido a la regulación de su manejo. Puede incluir especies especialmente protegidas como los mamíferos marinos, o especies en peligro de extinción, individuos jóvenes demasiado pequeños para venderlos, u otras especies de peces sin valor comercial o recreativo para el pescador. Por lo común a las especies no deseadas se las descarta, en el mar o en la costa, a menudo cuando ya han muerto.
Varios tipos de aparejos de pesca no son selectivos y pueden atrapar pesca no deseada. Las redes verticales sostenidas por dos embarcaciones pueden capturar peces jóvenes y mamíferos marinos como los delfines. Los sedales largos capturan aves marinas, tortugas de mar y peces que no se desea pescar, junto con la pesca que se busca recoger. Las redes verticales que capturan los peces atrapándolos por las agallas pueden atrapar también aves marinas, y ese tipo de redes, una vez descartadas, pueden seguir capturando y matando animales marinos mediante lo que se conoce como "pesca fantasma". Las redes de arrastre son un tipo de aparejo particularmente no selectivo y pueden hacer una pesca colateral de muchas especies diferentes. Además, aumenta la preocupación respecto de los cambios que las redes de arrastre pueden causar en el hábitat de los peces. A menudo se las arrastra por el fondo del mar y pueden dañar el hábitat.
La pesca excesiva puede tener también efectos desfavorables más amplios en el ecosistema. Como se observa más arriba, en la década de los 90 la cosecha mundial se estabilizó. En algunos casos, se mantuvo esta estabilización de la producción mediante cambios en la composición de las especies y la "pesca en orden descendente a lo largo de la cadena alimenticia". Las especies predadoras que ocupan la parte superior de la cadena tienden a ser pescadas en primer lugar. Una vez agotadas, la pesca se mueve hacia abajo en la cadena alimenticia y puede simplificar el ecosistema marino. Esto, junto con cambios ambientales en áreas importantes del hábitat, puede afectar los niveles futuros de producción de pescado.
La pesca excesiva puede provocar cambios en las redes alimenticias marinas, afectando adversamente otras especies. Por ejemplo, la disminución de los leones marinos Steller de Alaska ha sido atribuida en parte a la pesca excesiva de los principales recursos alimenticios de los Steller: el gado, el bacalao y la caballa. La pesca excesiva tiene también el potencial de cambiar indirectamente ecosistemas como los arrecifes coralinos. Cuando a los peces que se alimentan de plantas se los desaloja de los arrecifes coralinos, se reduce el pastoreo, lo que permite que las algas que coexisten con los corales prosperen y, potencialmente, predominen, especialmente si el agua contiene niveles altos de nitrógeno. Debido a que a menudo reducen la luz que entra en el agua, estas algas contribuyen a la pérdida de corales, que dependen de la luz.
Costos económicos.
Además de los numerosos costos ambientales, la pesca excesiva implica también costos económicos significativos. Si los recursos de las pesquerías se administraran de modo sostenible, la cosecha total podría aumentar otros 10 millones de toneladas métricas, sumando 16.000 millones de dólares anuales a los ingresos brutos en todo el mundo. En Estados Unidos, la reconstrucción de pesquerías que han sufrido pesca excesiva y la prevención de este tipo de pesca en otras pesquerías podría generar cada año 2.900 millones de dólares adicionales de ingresos. Los ingresos actuales están entre 3.000 y 3.500 millones de dólares. Por lo tanto, administrar de modo sostenible las pesquerías marinas en la zona económica exclusiva de Estados Unidos (la fuente de la mayor parte de la pesca estadounidense) podría duplicar aproximadamente los ingresos en este sector de la economía.
La administración inefectiva y la pesca excesiva han hecho que la industria pesquera se desempeñe deficientemente. En 1992 la FAO estimó que los ingresos mundiales por ventas de primera mano eran de aproximadamente 70.000 millones de dólares, en tanto que el costo operativo total de la flota pesquera mundial fue de 85.000 millones. En consecuencia, la flota operaba con un déficit anual de 15.000 millones de dólares.
El déficit operativo puede atribuirse al notable crecimiento de la flota pesquera mundial entre 1979 y 1989 -- que la FAO estimaba había aumentado 322 por ciento, sin un aumento concomitante de los recursos. De hecho, durante este periodo la cosecha de las pesquerías mundiales creció a sólo la mitad, aproximadamente, de la tasa de aumento de las flotas, lo que es causa de exceso de capacidad en la flota pesquera mundial. En las pesquerías donde cualquiera puede participar, el exceso de capacidad lleva a menudo a las "carreras" de pesca, en las que todos los pescadores tratan de capturar tanto como pueden, tan rápido como pueden, antes de colmar la cuota. Esto crea a menudo una oferta excesiva en el mercado y reduce los precios para los pescadores, mientras crea problemas de abastecimiento a largo plazo para los compradores. Lleva también a un exceso de capacidad en el sector de procesamiento y reduce los beneficios económicos para los consumidores.
La pesca colateral excesiva, que con frecuencia acompaña la pesca excesiva, representa también costos económicos para el sector. Esos costos económicos incluyen producción reducida de alimentos en pesquerías que se especializan en peces adultos de especies cuyos ejemplares jóvenes son descartados en otras pesquerías, reducción de empleos en las pesquerías y plantas de procesamiento y pérdidas correspondientes en las comunidades que dependen de las pesquerías.
El sector de la pesca no es el único que experimenta costos económicos relacionados con la pesca excesiva. Hay también costos significativos para el público. Un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) encontró que el costo de los servicios de pesquería entre los 30 gobiernos miembros de la OCDE (servicios de investigación, administración y ejecución) representa alrededor del 36 por ciento del total de las transferencias financieras gubernamentales al sector de las pesquerías.
El costo de esos servicios llegó a un total de aproximadamente 2.500 millones de dólares en 1999. Es difícil determinar cuánto de este costo puede atribuirse a la pesca excesiva, pero a medida que las existencias son objeto de ese tipo de pesca, las regulaciones administrativas se vuelven generalmente cada vez más complejas, con una mayor necesidad de que se las ejecute, lo que aumenta los costos del sector público para administrar estos recursos en disminución.
Los costos que significan para el público proveer subsidios al sector pesquero son motivo de atención en constante aumento. En todo el mundo, se estima que los subsidios al sector pesquero cuestan entre 14.000 y 20.000 millones de dólares al año. Los subsidios que reducen los costos fijos y variables o aumentan los ingresos distorsionan el comercio y socavan la competencia en los mercados mundiales del pescado. Debido a los subsidios, el nivel de producción es más elevado, lo que resulta en bajas de precios. A medida que las especies sufren pesca excesiva, la reducción de la oferta puede finalmente desembocar en precios más altos.
Los costos de reducir la capacidad excesiva, si los asume el público a través de programa de compra de embarcaciones con fondos públicos, puede ser también substancial. En Estados Unidos, entre 1994 y 2002 todos esos programas, con excepción de uno, se financiaban con dinero federal, a un costo total de 65 millones de dólares. Un estudio reciente de los costos de un programa de compra para eliminar la capacidad excesiva en cinco pesquerías estadounidenses bajo administración federal (tiburones [Carcharius] de Nueva Inglaterra y la costa occidental, peces espada de la costa oriental, tiburones pescados con sedal en la costa atlántica, y pesquerías de camarones en el Golfo de México) estimó esos costos en un total de 999,6 millones de dólares.
Evidentemente, la pesca excesiva implica costos económicos y ambientales substanciales. Detener la pesca excesiva y permitir que las existencias se reconstruyan aumentaría la productividad de esas existencias y maximizaría los ingresos de la industria a largo plazo. Tal acción es necesaria para estabilizar tanto los recursos como la industria.
Fuente: USinfo.state.gov, www.eco2site.com
Fecha de Publicación Aguamarket: Viernes 07 de Noviembre de 2003.