Una ribera urbana atraviesa la ciudad
El Parque Providencia, hoy Balmaceda, fue construido en la década de 1930 en plena crisis económica. Fue ésta una gran oportunidad para avanzar en dicho proyecto.
Nuestro histórico Mapocho no es un río apacible y de "llanura", como algunos soñarían, y como sí lo son el Nilo, el Támesis o el Sena. Su morfología hace de él algo muy distinto: es un torrente cordillerano al estilo del Maipo. Pero que, como tal, "atraviesa el valle de la ciudad de Santiago conformando uno de los espacios de río más hermosos, nunca vistos en el mundo, lleno de posibilidades y riquezas", afirma el premio nacional de Arquitectura 1989, Mario Pérez de Arce Lavín, dedicado hace años al estudio del tema.
Esos aproximados 30 kilómetros de longitud del río en su paso por Santiago configuran un espacio continuo para toda la ciudad, desde el pie de la cordillera hasta el campo abierto. "Es de esperar que permanezca así, porque desgraciadamente no se puede afirmar hoy que todas sus orillas estén conectadas y sean parque. Sólo algunos tramos lo están, que suman unos 15 kilómetros, en circunstancias que según el plano regulador de Santiago tendría que ser parque de punta a punta. Urge completar la conexión de sus riberas sur y norte, en la medida de lo posible", afirma el experto, a quien se le han unido en esta iniciativa casi todos los premios nacionales de arquitectura, Cristián Fernández, Borja Huidobro, Cristián de Groote, Víctor Gubbins y Luis Izquierdo, entre otros. Ellos han manifestado su apoyo unánime mediante cartas a este diario, reforzando en algunos aspectos la propuesta original. Es el caso de otro arquitecto, Juan Ignacio Baixas, quien recuerda la necesidad de usar la ribera para potenciar el sistema de ciclovías de la ciudad.
Por su parte, la necesidad de consolidar ese espacio del torrente cordillerano -la modificación de nuestra relación con el río y su cauce-, enmarcado en su valor geográfico, histórico, urbanístico, de identidad y estético, es abordado, en profundidad en el flamante libro multidisciplinario "Mapocho", pronto a aparecer a la venta al público, en su segundo edición, a cargo del editor Diego Matte, quien destaca el Mapocho "como uno de los patrimonios más importantes que tenemos". La propuesta de Pérez de Arce forma parte de este libro.
Mejora urbanística esencial
La iniciativa de Pérez de Arce, con quien conversó Artes y Letras, propicia la idea no sólo de completar con tramos de parques los bordes del río, sino también con paseos arbolados, ciclovías o lugares de contemplación del paisaje. Ello generaría un mejoramiento sustantivo de la calidad de vida de la ciudad. "La conexión habría que hacerla en los espacios que quedan -precisa-, porque la Costanera Norte construida junto al cauce del río no dejó lugar para parques y jardines. Sin embargo, es posible tener ciertos tramos y buscar soluciones para que los paseantes puedan recorrer sin dejar de sentirse cercanos al río".
Se hace impensable que el Mapocho -un torrente con un caudal muy variable- sea convertido en un río navegable, según Pérez de Arce. El río actúa con sus propias reglas de acuerdo a su morfología. "Tiene sus estaciones con poca agua y otros períodos con mucha, depende del caudal en la cordillera y de la temperatura. Es su naturaleza y es lo hermoso. Alguna vez dijeron que tendría que tener unas 30 esclusas para transformarlo en navegable, y eso significa treinta y tantos edificios en la mitad de los tramos del parque...".
Frente a la crisis
El gran proyecto en las riberas del río se ha ido construyendo a lo largo de más de dos siglos, con grandes parques como el Forestal, construido para el Centenario, y el Providencia (hoy Balmaceda), para la crisis de 1930; el Parque Uruguay en los años sesenta, el Parque de los Reyes, en los noventa y el Bicentenario hace un año. Habría que terminar de encauzar el río, indica el experto. "Investigar el estado de las canalizaciones del río en donde no se ha finalizado. Hay que establecer definitivamente los límites del espacio público a lo largo del río, las vías vehiculares y la línea de propiedad particular donde no está claramente determinada", precisan Enrique Browne, Fernando Pérez y Wren Strabucci, en carta a este diario.
Lo que queda por hacer se ubica principalmente en el sector poniente, el área más pobre y árida. Habría que empezar ahí. La construcción de esos parques absorbería mano de obra en momentos de crisis y requiere de una inversión relativamente pequeña; en la década de 1930 se decidió construir el Parque Providencia -hoy Balmaceda- buscando crear empleo. Su diseño, a cargo de Óscar Prager, renovó el arte del paisajismo urbano en nuestro país, señalan los premios nacionales.
Derechos del sector poniente
Los sectores críticos al poniente de la ciudad se ubican a continuación del Parque de los Reyes, por el costado sur y norte. Hay zonas áridas y pobres. "Pero se debe respetar también que éste es un espacio que permite que se asomen distintos barrios que le imprimen marcas a la ribera. Hay que buscar la coherencia del paisaje junto al carácter y formas de vida del lugar que atraviesa", precisa Pérez de Arce.
El Parque de los Reyes constituye un avance muy importante en el sistema de parques del Mapocho. Hoy tiene casi dos kilómetros de longitud y cuenta con su prolongación aprobada hacia el puente General Velázquez. "Es de esperar que se conserve su espacialidad y sobre todo su ancho, porque debe enfrentar un difícil sector de edificación industrial. En la ribera norte, en tanto, existen obstáculos para desarrollar un parque pues el río corre flanqueado por la Costanera Norte", advierte.
El Parque Mapocho Poniente, de 15 hectáreas, proyectado por Carlos Martner, de la Universidad Central, muestra el camino para continuar con jardines y paseos por cinco kilómetros de ese tramo del río. "Por esa zona, a la altura de Cerro Navia, hay singularidades que merecen atención, como un club de huasos hecho por gente de esa zona. Lo que hace evidente la importancia de mantener contacto con los vecinos y especialmente con las iniciativas de los sectores más modestos, quienes requieren de más oportunidades de esparcimiento y goce", recalca Pérez de Arce.
Al final del río se conservan campos de cultivo, en la ribera norte, y hay una urbanización precaria en el sur, en un paisaje aún vacío de construcciones. "Es necesario ahí fijar generosamente la franja pública de protección del Mapocho", sugiere el Premio Nacional.
Fuente: "El Mercurio"